Expedición a Tsim Sha Tsui – Capítulo V

Después de este, espero, último parón, continuamos con su serial favorito:

Capítulo V
El emisario

Nada más desembarcar, un nutrido batallón escoltó a los viajeros y transportó sus pertenencias hasta el lago Albanus. No pudieron ver casi nada de la ciudad, para disgusto de Eufrasio, pero sí pudieron comprobar cómo el ambiente guerrero y la tensión constante se dejaban notar considerablemente. Multitud de soldados transportaban armas y caballos de un lado para otro, montados en un caballo controlaban las riendas de otro telequinéticamente. Los edificios del antiguo Imperio Romano permanecían en uso y en buen estado, y en el límite de la ciudad el camino ascendía por una colina desde la que una vista panorámica les permitió asombrarse por la magnificencia de Roma.

-Realmente debió de ser impresionante hace siglos-, dijo Jacinto, que fue el único que habló ante la espectacular vista.

En menos de una hora estaban llegando al campamento del lago Albanus, aunque como la guerra estaba siendo ya bastante duradera, el asentamiento inicial de tiendas de campaña había dado lugar a un colosal fuerte con todo tipo de dependencias. Nada más entrar en el recinto, un oficial se dirigió a Fernández.

-¿Es el capitán Fernández?

-Así es.

-Teniente Mejina a sus órdenes, les conduciré a sus aposentos.

-No pretendemos quedarnos mucho tiempo, partiremos en cuanto sea posible, aunque hagamos noche en el camino.

-Entonces lo dispondré todo para partir en unas horas. De todas formas, han llegado en buena hora para el almuerzo, los llevaré a la cocina.

-A eso no me opongo-, respondió Fernández, y observó cómo se les iluminó la cara a los demás ante la perspectiva de comer algún alimento fresco tras la travesía marítima.

Después del opíparo almuerzo, sin haberse quejado lo más mínimo de la dieta militar, decidieron dar un paseo por el campamento. Allí la actividad también era frenética, volvían a notar la atmósfera de guerra que lo impregnaba todo. Fernández recomendó evitar el hospital, que debía de estar repleto de heridos, y propuso dirigirse a las pequeñas tiendas que la población local mantenía fuera del recinto, junto a una de las puertas. Vendían todo tipo de artilugios curiosos, destinados a ser regalos enviados por los soldados a su familia, más que a ser de alguna utilidad allí. Eva se fijó en un puesto de colgantes, y tras un instante de duda tomó uno con el símbolo del yin y el yang.

-Esto nos ayudará a pasar inadvertidos en nuestro destino-, dijo bromeando.

En ese momento llegó corriendo el teniente Mejina.

-Capitán, han de seguirme, rápido.

-¿Qué ocurre teniente?

-Ha llegado un emisario de Venecia, ha dicho que quiere hablar con los viajeros que van a Cantón.

Todos se quedaron paralizados. Cómo era posible que el gobierno veneciano supiera algo de su expedición, que había sido mantenida en todo momento en el más estricto secreto.

-Era de suponer que acabarían enterándose, si ya lo ha hecho China-, dijo Fernández. -Teniente, ¿tiene Venecia alguna flota ahora mismo cerca de Sicilia?

-¿Cómo?, ¿no lo sabe?, Venecia ha desplegado una serie de fragatas entre África y Sicilia, aparentemente sin motivo.

-Sí hay un motivo: nos han forzado a pasar por Roma. ¿Tan importante es este viaje?-, preguntó mirando a Eufrasio. -Bien, llévenos con ese emisario.

El veneciano era un hombre delgado, de pelo rubio y poblada barba. Estaba sentado frente a una mesa y flanqueado por dos soldados. Cuando llegó el grupo comenzó a hablar en perfecto castellano.

-Usted debe ser el capitán Fernández, usted el profesor Eufrasio y usted la encantadora Eva, duquesa de Alba, para servirla. Y a usted no lo conozco joven-, dijo dirigiéndose a Jacinto.

-Soy el ayudante del…

-Silencio-, le interrumpió Fernández, -antes veamos qué más sabe y qué quiere.

-Muy bien capitán-, contestó. -Soy el coronel Guido Giacomelli y, lo crea o no, he sido enviado por la ciudad de Venecia, en una misión conjunta de Iberia y Venecia. En este documento lacrado, del que le hago entrega, encontrará los detalles de mi misión y una carta de su Ministro de Guerra.

Fernández la leyó rápidamente.

-¿Y cómo sé que esta carta es auténtica?-, preguntó.

-Pedirle que confíe en mi sería inútil, así que puede mandar un correo a Iberia pidiendo confirmación-, respondió Giacomelli.

-Tenemos un servicio de espionaje en el campamento-, dijo el teniente Mejina, -puedo pedir que analicen el documento. Tendrá una respuesta en menos de una hora.

-Hágalo-, respondió Fernández, -pero que lo mantengan en secreto.

Al cabo de una hora llegó Mejina con la respuesta:

-Parece auténtico, capitán.

-Entonces, ¿les acompañaré en su viaje?-, preguntó Giacomelli.


¿Cual es entonces el contenido de la carta y qué hará Fernández con Giacomelli?

Contenido de la carta:

A) El Ministro de Guerra ha firmado un acuerdo con Venecia, a pesar de seguir con la contienda en Italia, para cooperar contra China y conseguir llevar a buen puerto la expedición a Cantón. Pide que Giacomelli se una a la misma.

B) Venecia amenaza con boicotear la expedición, y añadir un nuevo impedimento además del que supone China. Para evitar esto el Ministro de Guerra ha accedido a que Venecia participe en el proyecto.

(NOTA: el lector debe votar lo que cree que pone en la carta, que afectará al desarrollo de la historia, sin considerar sus propias sospechas sobre la trama).

Respecto a Giacomelli:

A) Se une al grupo.

B) No se une al grupo.

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Published in: on septiembre 23, 2008 at 10:09 pm  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. ¡Voto doble A!! Muy interesante (y no es peloteo)

  2. Yo soy un poco más mal pensado. opción B) y A), respectivamente. No se por qué, pero le he puesto cara a Giacomelli de alguien que no me inspira mucha confianza. No es trigo limpio, ¿un boicot desde dentro del grupo? Quizás.

  3. yo voy también por la doble A, que no elimina la opción de que Giacomelli no sea trigo limpio, creo yo.


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