Expedición a Tsim Sha Tsui – Capítulo VI

Hola a todos y todas de nuevo, soy Larsis von Laris, el reputado escritor del Universo paralelo donde está el desfiladero de Siritinga, aquí le llegan las ondas a mi colega Herr Spock, que hace lo que puede para no estropear demasiado mis excelsos relatos.

Retomemos pues aquel relato de hace dos años: Expedición a Tsim Sha Tsui. Os recuerdo que era del tipo “elige tu propia aventura”, así que al final del mismo veréis las típicas opciones para seguir la trama. Como siempre, dejad un comentario con la opción elegida y alguna otra idea o crítica que se os ocurra.

En episodios anteriores de Expedición a Tsim Sha Tsu: Estamos en la Tierra, siglo X después de Cristo, pero no es exactamente nuestro planeta. En éste el ser humano tiene ciertos poderes telepáticos y telquinéticos. La República de Iberia es una potencia mundial, y su poderoso Ministerio de Ciencia y Tecnología ha encargado a Eufrasio y a su ayudante Jacinto, dos investigadores de la Universidad de Granada, que realicen una expedición secreta a Cantón, en China, para investigar la mítica dinastía Sha y  su supuesta tecnología para la super telequinesis. En la capital Antequera se unen a la expedición Eva, futura Duquesa de Alba y descendiente de la dinastía Sha, y el capitán Fernández, oficial de la República. Con algún que otro contratiempo parten hacia Oriente, ignorantes de que los peligros que les acechan no sólo los encontrarán allí, sino que un oscuro complot se trama en el Ministerio de Guerra de Iberia. En Roma, ciudad situada en el frente de la guerra entre Iberia y Venecia, conocen al coronel Guido Giacomelli, un espía veneciano que dice conocer la misión de nuestros héroes, y posee una carta del Ministro de Guerra solicitando su incorporación a la misión.

Y ahora, la continuación…

Expedición a 尖沙嘴

Capítulo VI
Un palacio con vistas al Adriático

Ante la mirada de sus tres compañeros de viaje, Fernández no paraba de dar vueltas por la habitación, gruñendo y maldiciendo por el contenido de la carta.

-Este Giacomelli no es trigo limpio, es un veneciano, puede que nos mate en cuanto tenga ocasión, o sabotee el viaje, nos entregue a China y mil cosas más que se me están ocurriendo.

-Pero el Ministro de Guerra en persona es quien pide esta incorporación, ¿cómo vamos a negarnos?, si ha llegado a un acuerdo con Venecia, eso será un problema menos en el viaje-, dijo Eufrasio para intentar apaciguarlo.

-¿Pero cómo va a negociar el Ministro de Guerra con Venecia?, si precisamente está en guerra con ese país. ¡Y la guerra sigue!, no se ha parado, pero, según parece, meter a un espía veneciano en medio de esta misión secreta es una buena idea-. Fernández seguía moviéndose sin parar de un lado a otro, agitando enérgicamente los brazos, como si estuviera quitándose al propio Giacomelli de encima. De vez en cuando apartaba telequinéticamente sillas y objetos de su camino. -Es que no me entra en la cabeza, Eufrasio.

-Pero tendremos que acatar la orden de todos modos, ¿no?-. Era Jacinto el que intervenía ahora.

Eva se adelantó y agarró a Fernández por los brazos para pararlo. -No nos queda más remedio que llevar a Giacomelli con nosotros, son órdenes del Ministro. Pero eso no quiere decir que compartamos con él toda la información de la que disponemos. Creo que a ninguno nos hace ninguna gracia dormir con el enemigo al lado, habrá que turnarse para vigilarlo. Además, él puede saber algo que desconocemos y a la hora de luchar con los chinos creo que estará de nuestro lado.

Fernández se apaciguó un poco, se tomo un vaso de agua, miró al grupo y salió al pasillo. Se dirigió al calabozo donde retenían a Giacomelli, en un sótano de aquel campamento. Seguía sin aprobar la incorporación de este espía a la misión, pero no podía sino asumir la responsabilidad que le había sido impuesta. Llegó a la celda y ordenó al guardia que lo soltara.

-Escúchame Guido, para mi eres un espía veneciano, así que no me gustas lo más mínimo, pero tengo órdenes de llevarte conmigo en esta misión, y eso será lo que se haga. Sin embargo, quiero que sepas que no te daremos ningún tipo de confianza. Y a la más mínima sospecha de traición, eres hombre muerto.

-Comprendido capitán Fernández. Veo que no podré decepcionarle-, dijo Giacomelli, y le guiñó un ojo al oficial.

No quisieron esperar a más sorpresas en Roma y partieron justo antes de salir el Sol. Atravesar Italia a caballo sería lento, pero querían hacerlo lo antes posible. Afortunadamente contaban con varios puestos con caballos de refresco, por lo que pudieron avanzar a toda velocidad. Todos pudieron comprobar los estragos de la guerra y la inestabilidad política en aquel país. La miseria era palpable en todos los pueblos y aldeas, y por todos lados veían evidencias de batallas. No obstante, el primer día transcurrió sin sobresaltos, lejos del frente. Pasaron la noche a las afueras de Avezzano, en una taberna de mala muerte, donde se turnaron para vigilar a Giacomelli que, por su parte, durmió plácidamente.

Al igual que el día anterior, reemprendieron el viaje antes de la salida del Sol, y esa misma noche llegaron a la ciudad de Pescara, donde Iberia mantenía un gran contingente naval. Fueron recibidos por el gobernador de la ciudad, que había sido informado de que se encontraban en misión diplomática con destino Constantinopla. Los condujo a su palacio en el puerto, que se trataba más bien de una fortaleza con ciertas comodidades. Estaban cansados del largo viaje, así que se excusaron y se dirigieron rápidamente a sus aposentos. De nuevo se turnaron para vigilar a Giacomelli, el cual, otra vez, durmió sin problemas. Excepto cuando le tocó el turno a Eva.

-Hace una noche estupenda-, dijo Giacomelli sobresaltando a Eva que en ese momento estaba mirando el mar desde la ventana de la habitación.

-Me has asustado, ¿no dormías?

-Así era, pero el olor de las flores me ha despertado.

-No hay flores aquí, estamos en un puerto, más bien huele a pescado podrido.

-Entonces ha debido de ser su fragancia, querida duquesa.

-Más vale que te quedes callado y te duermas si no quieres que le diga algo a Fernández, creo que está deseando que des un paso en falso.

-Pero Eva, nosotros somos personas educadas, podemos hablar civilizadamente, no como ese rudo capitán.

Eva lo miró con cara de resignación. -Esta bien, no me vendrá mal un poco de conversación mientras te vigilo. ¿De qué quieres hablar?

-Pues me estaba preguntando, cuando lleguemos a Asia, ya no habrá diferencia entre nosotros, para aquellas gentes no seremos más que feos occidentales. Exceptuando a la duquesa, por supuesto.

A Eva no le gustaba nada que, al dirigirse a ella, sólo cambiara a un registro más formal a modo de mofa.

-Así es Guido, pero nosotros sabemos que no somos iguales, nosotros sabemos quién ha arrasado la Provenza para arrebatársela a Iberia, y quién está diezmando la población de Roma.

-Pero Eva, no me refería a nada de eso, dejemos la política a un lado. Yo quería decir más bien, si alguno de nosotros se sentirá como en casa en aquellas tierras del lejano oriente.

Giacomelli dio un peso especial a estas últimas palabras. Eva comprendió que Giacomelli podía saber algo sobre su verdadera identidad y se quedó en silencio unos instantes.

-No creo, yo no he viajado nunca más allá del Mar Negro, ¿y tú?

-Pues resulta que sí, he estado en China dos veces, como espía claro, y la verdad es que me gusta bastante aquel país. Conozco bien sus costumbres, así que espero poder servirle de ayuda allí. Creo que es por esto que me han elegido para acompañarlos.

Llamaron a la puerta. Era Jacinto que venía a revelar a Eva, la cual salió rápidamente de la habitación sin decir adiós a Giacomelli. Éste se dio la vuelta en la cama, sonrió y se quedó dormido.


¿Cómo continuarán nuestros héroes su viaje?

A) Parten de Pescara en barco hacia Patras, en el estrecho de Corinto. Desde allí atraviesan el istmo por el recientemente construido Canal de Corinto. Giacomelli se mantiene tranquilo en el viaje, pero Eufrasio realiza un nuevo descubrimiento acerca de la super telepatía.

B) Parten de Pescara en barco hacia Patras, en el estrecho de Corinto. Desde allí atraviesan el istmo a caballo, donde observan las descomunales obras del futuro Canal de Corinto. Eufrasio realiza un nuevo descubrimiento acerca de Eva.

C) Parten de Pescara en barco hacia Patras, en el estrecho de Corinto. Desde allí atraviesan el istmo a caballo, donde observan las antiguas ruinas del Canal de Corinto. Giacomelli no deja tranquila a Eva, así que Fernández se enfrenta a él.

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Published in: on mayo 31, 2010 at 12:00 pm  Comments (4)  

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4 comentariosDeja un comentario

  1. Yo voto por la B …. ¡¡¡Muy bien escrito (o leído)!!! Mi más sincera enhorabuena

  2. La B claramente. La intriga sobre el misterioso personaje de Eva nos dejará sin dormir hasta la próxima entrega dentro de otros 2 años. :p

  3. Pues yo me pido la A, que es mas guay telepaticamente hablando. Es que me cae muy mal la Eva esta.

  4. Me alegra que volváis a seguir las aventuras de nuestros intrépidos héroes.

    Becario al horno, ¿por qué te cae mal Eva?


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